
- "¿Te gustan los rompecabezas? Te daré el mundo para que lo arregles. ¡Está roto! A ver si puedes recomponerlo"
El científico creyó que tendría entretenido a su hijo toda la tarde, pero cuál fue su sorpresa cuando, en poco más de una hora, el niño ya había resuelto el reto a la perfección.
- "Tu no habías visto jamás este mapa, hijo mío. Así pues, ¿cómo lograste colocar todas las piezas en su sitio?", le preguntó sin salir del asombro.
- "Es verdad, papá, pero cuando arrancaste la hoja de la revista vi que por la otra cara había un hombre, que sí sé cómo es. Así, encajé las piezas y, al girar la hoja, había arreglado el mundo".
Y es que la solución a todos los problemas del mundo está en el hombre.