Sin perder un solo minuto, todas corrieron hacia el estanque que estaba a muy pocos metros de allí, para lanzarse en sus aguas y hundirse hasta lo más hondo.
Al escuchar las ranas el ruido que las patas de las liebres producían, se asustaron tanto, que comenzaron a saltar al interior del estanque para buscar refugio en sus aguas. Dándose cuenta de lo que estaba sucediendo, una de las liebres les dijo a las demás:
- "¡Quietas compañeras! No debéis tomar ahora mismo una decisión tan precipitada, pues a juzgar por el comportamiento de las ranas, hay otros animales que se asustan más fácilmente que nosotras!"