
Para evitar que pudiera hacerle daño a alguien durante uno de sus episodios de pánico, su dueño decidió ponerle en su collar una sonora campanilla, para que la gente supiera cuando se encontraba cerca de su posición. Tan bonito era su sonido y su forma, que el perro se fue a dar un paseo por la plaza del pueblo para que todos pudieran contemplar aquello que su dueño le había regalado. Tras varias vueltas, lo vio una perra entrada en años y al darse cuenta de lo que llevaba le dijo:
- "No deberías alardear tanto de lo que llevas colgando de tu collar"