Raudo y veloz salió a la carrera el ciervo, consiguiendo en muy poco tiempo una enorme distancia. Cuando el animal ya se veía salvado, se topó con las frondosas copas de los árboles del bosque, las cuales le impedían avanzar tan rápido como a él le gustaría. Gracias a ellas, el león pudo alcanzarlo sin demasiado esfuerzo. A ver como su perseguidor se encontraba a pocos metros de su posición, el ciervo exclamo:
- "¡Pobre de mí! Yo que pensaba que mis cuernos iban a ser mis mejores aliados y en realidad son los causantes de mi desdicha"
.