Lo que ignoraba el león es que no se trataba más que de una rana gritona que gustaba de llamar la atención croando muy alto para que todos la oyeran desde muy lejos.
Intrigado por saber qué animal era el responsable de aquel alarido, se mantuvo atento durante un buen rato, hasta que volvió a escuchar el mismo sonido y vio que una rana salía del pantano henchida de orgullo por comprobar como todos los animales la miraban y se fijaban en ella.
Enojado por aquella actitud, se acercó a la rana y de un zarpazo la aplastó al tiempo que decía:
- "¡Tú, tan pequeña que eres y vienes aquí lanzando esos tremendos gritos!"