Mirándola de arriba abajo y midiendo muy bien sus palabras para no ofender a su nueva amiga, el ruiseñor le dijo:
- "Dichosa tú que puedes vivir entre los hombres sin ningún tipo de temor. Me encantaría poder ser tan confiado como tú, pero los ruiseñores, a pesar de nuestro melodioso canto, nunca hemos sido tan bien recibidos en las casas de los humanos como vosotras las golondrinas. Es por eso, que a los de mi especie les gusta más hacer sus nidos en lugares más apartados, a los que los hombres no puedan tener fácil acceso".