Una tarde, tres hombres llegaron a su ermita y lo saludaron.
- "Tú predicas el dar y compartir, le dijeron. Y buscas enseñar a quienes tienen mucho para dar a los que poseen poco; y no dudamos que tu fama te ha brindado riquezas. Ahora ven y danos de tus riquezas, pues estamos necesitados".
- "Amigos míos, les contestó el ermitaño, no tengo más que esta cama, esta estera y esta jarra de agua. Tómenlas si así lo desean. No tengo ni oro ni plata".
Entonces lo miraron desdeñosos y le dieron la espalda, y el último hombre se detuvo en la puerta un momento y gritó:
- "¡Impostor! ¡Embustero! Tú enseñas y predicas aquello que tú mismo no practicas".
Gibrán Jalil Gibrán