Un rico labrador poseía dos hermosos perros. Mientras uno de
acompañaba en sus largas jornadas de caza, el otro se quedaba cuidando
el hogar en el que vivía su dueño. Todos los días cuando salía a cazar,
el labrador guardaba la pieza más jugosa de todas las que había
conseguido capturar, para dársela al perro guardián nada más llegar a
casa. Cansado de que esta situación se repitiera constantemente, el
perro de caza comenzó a decirle a su querido compañero: - "No entiendo porque yo debo correr hasta lastimarme las patas detrás
de las liebres de los conejos sin obtener ningún premio y mientras tu
aquí parado sin hacer nada siempre consigues que nuestro dueño te dé la
más sabrosa de las piezas".
Cuando el perro de caza se quedó en silencio, el guardián le respondió: - "Comprendo que estés molesto conmigo, pero el único culpable que hay
en todo esto es nuestro dueño. Ve y quéjate a él, ya que fue el que te
enseñó a ti a cazar y a mí a vivir apaciblemente".
Los seres humanos solemos encadenarnos a personas, situaciones o
actividades que poco aportan a nuestro crecimiento pero las cuales se
nos tornan complicado de desprendernos de ellas a pesar que puedan hacernos daño. A veces pienso que es mejor dejar atrás a la gente tóxica, esa gente que
te hace mal sin un porque y te da la espalda cuando lo necesitas, esa
gente a la cual no le importa el otro y su egoísmo le gana ante
cualquier sentimiento ajeno al suyo, esa gente que quisiste
incondicionalmente y diste mucho, la verdad que ni vale la pena
expresar esto, es darle importancia a algo que no lo tiene y no lo tendra en un futuro