Un rato más tarde, vio a un caballo muy flaco, al que para hacerle un favor llevó a uno de los campos en los que más grande y hermosa estaba la cebada. Para hacerle ver que no tenía ninguna mala intención, le iba comentando que todo aquello que veían sus ojos lo había encontrado él, pero que en lugar de comérselo todo el solo, la había dejado para que alguien como el caballo pudiera saciar su hambre y él pudiera escuchar gustoso como sus dientes partían los tallos de la cebada.
Al escuchar esta última parte, el caballo dijo:
- "No deberías ser tan mentiroso amigo lobo. Si los de tu especie les gustara lo que estoy comiendo, estarías alimentándote conmigo en lugar de fantasear con llenar tu estómago".