
Mientras que el pescador quitaba el anzuelo al pececillo para echarlo a su cesta, el pez le suplicó al pescador omplorándole:
- "¡Señor pescador, por favor, devuélveme al agua!"
El pescador sorprendido replicó:
- "¿Quién eres tú para intentar convencerme?"
- "Soy pequeño y no valgo mucho, cuando sea grande, podrás atraparme de nuevo, y entonces seré para tí más provechoso", le dijo el pececillo, a lo que pescador le respondió.
- "¿Pescarte después? ¡Eso nunca! ¿Quién me asegura que tendré la suerte de volverte a pescar?, replicó el pescador, bien tonto sería soltar la presa que tengo en la mano para contar con la insegura presa futura, por más grande que sea!. Más vale una moneda en la mano, que un tesoro en el fondo del mar".
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